En esta vida empiezo a ser mujer mientras me despreocupo en serlo.

Me reclamas cómo he dejado de ser femenina, cómo mi cabello se ha ido secando, cómo fui perdiendo esa mirada que antes era toda para ti y ahora, olvidándome, encuentro mejor lanzarla hacia cosas mucho más animadas que tú: los huevos, la esencia de vainilla, el azúcar.

Llevo meses divirtiéndome con la repostería y el tiempo, el esponjoso tiempo de las mezclas, los moldes y el calor. Cernir la harina te hace pensar en los segundos valiosos que hay que separar de los otros, los inevitables del sueño o los compartidos contigo. La batidora es un generador de ondas astronómicas de donde salta una galaxia y eventualmente un merengue blanquísimo que cubre una superficie como si de un nuevo cielo se tratase.

He descubierto la conexión entre la astronomía y la gastronomía. Incluso, descubrí una receta: Pastel de Cerezas y Tiempo. Y sí, fue un descubrimiento, no un invento, similar a ese de las ondas gravitacionales que siempre estuvieron allí y solo faltaba un hábil oído que las escuchara.

Es una receta deliciosa, a pesar de no llevar cerezas. Y si te parece incongruente que se llame pastel de cerezas sin incluirlas, pues no es nada extraño. Pasa lo mismo con el tiempo, que está hecho de otras cosas: de recuerdos, esperanzas, fotos, besos, miradas… Como la mirada que no podía evitar regalarte, que me hacía femenina, pero, ahora lo sé, no mujer.

El rímel, el labial, el tinte (masculinos) también me hacían femenina. Ahora lo entiendo. Eran como el fondant, el glaseado, las coberturas de un pastel. Sí, lo hacen ver apetitoso, deslumbrante, pero no son el pastel.

La guinda es diferente, no es el chocolate, la fresa o el profiterol que todos reclaman. No hay pasteles de guindas, sin embargo, son su cumbre. Tampoco es el pastel, pero las guindas solo sirven para los pasteles. Las mujeres igual…

En este punto ya habrás podido deducir que mi Pastel de Cerezas y Tiempo, tampoco lleva tiempo, pero sí una guinda, gordita, rojita, almibarada. Lista para ser devorada por un agasajado en cualquier celebración futura, un feliz cumpleañero que jamás volverás a ser tú, pendiente solo de comer cualquier sobra que esté sobre la mesa, pero nunca el plato principal.

 

Anuncios