Para mí Caracas era caminar desde Chacaíto hasta Los Caobos, regodearme en la Plaza de los Museos y comprar allí libros o delirios. Indeciso si por el Anauco o por Quebrada Honda, llegar a La Candelaria a dar vueltas, pensando en ti, antes de comprar más libros en la Fuerzas Armadas, para olvidarme de ti.

Era manejar por los caminos verdes desde La Trinidad hasta El Cafetal, deteniéndome un par de minutos en algún risco de San Luis y ceder ante el verde vacío que se abría a la vista.

Era El Maní es Así, cualquier bar o pub de la Solano o el Greenwich que pasaba por Altamira y bailar como si supiera bailar y verte, oírte, verte, tocarte, verte, probarte.

Era la navegación por Las Mercedes nocturna, por esos otros riscos que regalaba la madrugada. Era un amanecer en la plaza de El Hatillo, que no está en Caracas, pero todos sabemos que sí está.

Era el Radio City, puta madre, una tarde de cine en la Previsora o en la minúscula y oscurísima sala del Celarg, escondida detrás de exposiciones, caricias y baños.

Era un batido de naranja y cambur antes de subir Sabas Nieves. Era Quebrada Quintero, Las Julias, joder, la Cota Mil. Es El Ávila, ese galante incontinente, que la viste y desviste.

Era el litoral, cálensela, sí, era también el litoral. Me gusta creer que hasta Naiguatá porque si has prolongado una noche mojándote en el alba de playa Los Ángeles, sabes a lo que me refiero.

Era un concierto o una obra en ese espacio atemporal que era la Concha Acústica de Bello Monte. Era besarse en La Alameda y quedarse adheridos como musgos a cualquier rincón tibio hasta que pasara el temblor.

Era salir de El Poliedro, después de Soda, y quedarse helado mirando El Valle como si fuese un valle de verdad. Ay, carajita, era Sentimiento Muerto ‘y mis ojos se van poniendo chinos’.

Era también esa ridícula valla hollywoodense en Caurimare (arréchense, pero es ridícula). También esa tonta fuente de Plaza Venezuela. Y esa absurda esfera de Soto (y eso que amo a Soto, pero no a esa estúpida esfera).

Era El León. Y el suelo de El León. Y el estacionamiento de El León.

No, no era Petare, tampoco la cruz decembrina ni El Guaire. Casi nunca fue La Pastora. Ni de vaina fue, alguna vez, el 25 de julio. No me jodan.

Era tu cabello  y tu boca.

Caracas, eras tú.

 

V.O.G. @v0ga

25/07/18

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